Diversidad cultural es algo más que la suma de grupos o individuos pertenecientes a diferentes culturas que viven juntos en la misma sociedad.

La diversidad cultural implica que estos grupos diferentes interrelacionen entre sí, se enriquezcan mutuamente y sean conscientes de su interdependencia.

Así lo hemos entendido en la Escuelita de Buenos Aires, a la que asisten diariamente una media de 70 a 80 personas adultas de Marruecos, Pakistán, Jordania, Senegal, Argelia, Ghana o Nigeria, con un objetivo común –además de aprender castellano- como es conocernos y respetarnos como personas y aprender unas de otras. Como cada escuela, hemos realizado nuestra fiesta de final de trimestre en las dependencias de la rectoría de la parroquia de Crist Salvador, el pasado 19 de diciembre, presidida cómo no por variedad de platos típicos, té e infusiones, realizados por las alumnas, todo ello amenizado con música tradicional, además de bailes, que hemos compartido todos juntos.

La diversidad cultural nos brinda una oportunidad de crecimiento, tanto personal como colectivo, y ha venido para quedarse, no lo olvidemos.

EN LA ESCUELITA (Poema)

Estamos en la sala B2 del primer piso, ahora convertida en aula
ocasional: tres mesas dispares, alrededor sillas, el suelo lleno
de migas y en la pizarra un montón de palabras: murciélago (wat wat),
respeto, vivienda, codo, co-ra-zón, precios,
viviré, vivirás, vivirá.

Ellas dibujan pistas en el cuaderno de la vida, el bolso colgado de la silla.
Ellos se lo miran con ojos curiosos. Todos al acecho,
esperando una nueva palabra para cogerla al vuelo y llevársela a la boca.
Afuera, la vida fluye indiferente: los paletas siguen montando andamios
en el bloque de enfrente,
viviremos, viviréis, vivirán.

No ha lugar al protocolo, la vida llega desnuda buscando el abrigo
de los nidos placenteros.
No hay datos a proteger, sólo caras, manos que no paran de hablar,
miradas ávidas, cansancio, neveras vacías, pájaros a volar,
el cielo.

A las once y cuarto se apaga la luz, las palabras caen de la pizarra,
el suelo todo lleno de migas.

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